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En palabras de su creador Tim Brown, Design Thinking usa la sensibilidad y métodos de los diseñadores para hacer coincidir las estrategias de negocios con las necesidades reales de las personas. De esta forma, creamos valor para nuestros clientes y generamos oportunidades de mercado.

Existe una creencia generalizada de que para llegar a buenos resultados en Design Thinking es necesario contratar a personas especializadas o crear departamentos que trabajen exclusivamente en la creación de nuevas ideas.
Pero generar innovación es mucho más sencillo.

Basta con integrar un nuevo enfoque en la empresa y que todos los que se encuentran en ella apliquen a sus tareas esta visión creativa. Una vez adoptada esta actitud ante el trabajo, será más fácil utilizarla para mejorar la manera en la que satisfacemos las necesidades de nuestros clientes. Debemos recordar que cualquier persona puede tener nuevas ideas para conseguir que la compañía innove, independientemente del área a la que se dedique.
¿Cómo “cambiar el chip” en una organización?

Se puede empezar con tres tareas clave:

•     Conocer al consumidor, investigando a fondo sus necesidades.
•     Solucionar problemas, además de identificarlos y anticiparse a ellos.
•     Aprender todo lo posible, centrándose en un proceso de ensayo y error donde este último signifique siempre una oportunidad para aprender.

Como bien dijo Thomas Edison, la creación es 1% inspiración y 99% transpiración.
Por eso no debemos frustrarnos buscando cambios radicales, sino ir paso a paso y tener en cuenta que incluso las pequeñas ideas pueden suponer grandes innovaciones en el futuro.

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